Prevención como clave para reducir el riesgo de incendios en baterías eléctricas

La electrificación del transporte y el auge del almacenamiento energético marcan un cambio profundo en la forma en que generamos y usamos la energía. Sin embargo, esta transformación no está exenta de desafíos, siendo la seguridad contra incendios uno de los más relevantes. Los sistemas basados en baterías de litio, tanto en vehículos eléctricos como en instalaciones estacionarias, pueden estar expuestos a riesgos térmicos capaces de provocar incendios difíciles de controlar.

Desde la Alianza S2E, creemos que una transición energética sostenible solo es posible si se garantiza también una transición segura. Esto implica diseñar y aplicar soluciones capaces de anticiparse a posibles fallos, contener sus efectos y minimizar el impacto sobre las personas, las infraestructuras y el medio ambiente.


Prevención inteligente: cómo evitar incendios desde el diseño

Los incendios en baterías suelen originarse por lo que se conoce como “fuga térmica”, un fenómeno en el que una celda se sobrecalienta y puede desencadenar una reacción en cadena. Para evitar que un fallo puntual se convierta en un accidente mayor, es esencial aplicar principios de prevención pasiva y adoptar tecnologías que garanticen una compartimentación térmica efectiva.

Aquí entran en juego tanto el diseño inteligente de los sistemas de batería como la selección adecuada de materiales. El uso de soluciones ignífugas certificadas, como las espumas de poliuretano, ayudan a frenar la propagación del calor entre módulos, dando tiempo a actuar y evitando daños mayores.

Un ejemplo de innovación en este campo lo encontramos en el desarrollo por parte de Covestro de un sistema de encapsulado ignífugo con espuma de poliuretano, comercializado como Baysafe BEF, diseñado para contener los efectos de un fallo térmico dentro del paquete de baterías. Estas espumas de poliuretano actúan como barrera térmica, evitando que el calor extremo se propague entre celdas y cumpliendo con normativas tan exigentes como la GB 38031-2025 en China, que exige que las baterías no se incendien ni exploten incluso bajo condiciones críticas.


Normativas más exigentes para un futuro más seguro

Las nuevas regulaciones internacionales, como la norma GB 38031-2025 en China, exigen que las baterías no puedan incendiarse ni explotar, incluso en casos extremos. Estas medidas marcan un cambio de paradigma y establecen estándares más altos que están siendo seguidos por otros países, lo que genera una presión positiva hacia la mejora continua en seguridad industrial.

En este escenario, las soluciones tecnológicas deben adaptarse a requisitos más estrictos y, al mismo tiempo, mantener la eficiencia del sistema. De ahí la importancia de materiales ligeros y resistentes, una combinación que ayuda a mejorar la autonomía de los vehículos eléctricos sin comprometer la seguridad.

Protección y sostenibilidad: dos prioridades, un mismo objetivo

No se puede hablar de sostenibilidad sin hablar de seguridad. Un incendio en una batería no solo representa un riesgo inmediato, sino también un impacto ambiental y reputacional considerable. Implementar medidas de prevención reduce el riesgo de fallos catastróficos y facilita la aceptación social de tecnologías clave en la descarbonización, como la movilidad eléctrica o las microrredes de almacenamiento.

Además, utilizar soluciones duraderas, reciclables y que reduzcan la huella de carbono del sistema completo es parte esencial del enfoque sostenible que promovemos desde la Alianza S2E.


Buenas prácticas para una protección eficaz

En la Alianza S2E, promovemos un enfoque integral de seguridad preventiva que combina innovación tecnológica, cumplimiento normativo y capacitación profesional. Algunas de las recomendaciones clave incluyen:

  • Compartimentación térmica: Separar físicamente celdas y módulos para contener posibles fugas térmicas.

  • Uso de materiales ignífugos certificados: Como espumas de alta densidad o soluciones avanzadas con bajo índice de propagación de llama.

  • Monitorización en tiempo real: Sistemas de sensores que alertan sobre anomalías térmicas antes de que escalen.

  • Gestión térmica eficiente: Carcasas y envolventes diseñadas para favorecer la disipación del calor.

  • Mantenimiento predictivo: Protocolos para identificar fallos potenciales antes de que ocurran.

  • Formación continua: Capacitación de los equipos técnicos en normativas de seguridad y respuesta ante emergencias.

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